martes, 15 de septiembre de 2009

Ladrón de mediodía / José Santos González Vera

LADRON DE MEDIODIA

A Pedro Prado.

Eran las tres de la tarde. El caballero leía, embelesado, en su escritorio. Su espíritu flotaba a gran altura, pero traíale a tierra un rumor intermitente. ¿Quién podía producirlo cuando a esa hora hasta las criadas dormían la siesta?

El caserón, situado en las afueras de la ciudad, tenia, en los extremos, dos alas que avanzaban hacia el jardín delantero, también extenso, con una fuentecilla al centro y profusión de arbustos, macizos de flores y árboles añosos. Los ruidos de la calle llegaban a las habitaciones muy amortiguados. Sin duda allí se vivía bien. Detrás de la mansión había más árboles y varias hectáreas de buena tierra de sembradío, de modo que la comida la daba el terreno. En uno de los costados del caserón elevábase una torre.

No le faltaba razón a1 caballero para sorprenderse del ruido, por apagado que fuera. Aunque su familia era numerosa -bellas hijas, adolescentes unas, entrando en la juventud otras, y un par de donceles de buena estampa- imperaban costumbres antiguas, la del reposo a1 término del almuerzo era una. Los muchos aposentos permitían a cada cual, grande o chico, aislarse. El escritorio del caballero hallábase inmediato a la despensa, sitio muerto, salvo en las comidas. Porque en las demás horas era mudo, lo había elegido para leer y escribir en paz.

El dueño era persona pudiente. Aparte de casas de renta, poseía campos que se prolongaban hasta el cordón de cerros. Desde joven fue gran lector y, paralelamente, escribió poemas, ensayos y prosa narrativa. Era pues persona de variado saber, quizás si un poco conservador, pero de espíritu abierto, comprensivo, con inclinación a1 panteísmo, también merodeador de la sabiduría hindú; de buen porte, rostro de acentuada nobleza, hermosa voz y temperamento de artista y filosofador. Unía a tantos dones un humor alegre, que aliviaba su seriedad.

El rumor era extraño y lo impacientó. En puntillas se fue acercando a1 lugar de donde parecía nacer y así alcanzó la puerta de la despensa, entornada en ese momento. Por el orificio que hay entre ésta y su marco vio un bulto. Después, por un movimiento de aquel, enteróse de que era un individuo delgado. Este sostenía con una mano un saco harinero, y con la otra, lo más silenciosamente que le era posible, colocaba en el fondo cuchillos, tenedores, cucharas, sin poder evitar que a1 soltarlos algo sonaran.

Tan silente como llegó, el caballero anduvo hasta la pieza de su hijo mayor. Con éste hizo levantarse a1 segundo, que partió en busca de un carabinero. Padre e hijo se acercaron sin ruido a la despensa; sin ruido la abrieron y callados entraron. El sorprendido visitante clandestino no acer a decir palabra, porque el caballero y su hijo tampoco las dijeron. Cogiéronle, sin violencia, de un brazo cada uno, después de privarlo del saco. Y lentamente, sin cambiar palabras, lo condujeron de habitación en habitación hasta el jardín delantero. El ladrón era bajo, hundido de pecho, cariaguileño, de ojos vivos y alertas. También podía ser de mal carácter. La primera vez que robó pudo vivir un mes sin trabajarle a nadie. Le pegaron en varias ocasiones. Cuando estuvo un trimestre en la cárcel, creyó que era más seguro trabajar, pero a1 hacerlo, añoraba los golpes, que dolían sólo horas, de suerte que tuvo y le venia la tentación.

Ni el caballero ni su hijo querían pegarle, pero ansiaban darle un susto o lo que fuera por haber violado la intimidad familiar.

Miráronse padre e hijo a1 reparar en la fuente. El ladrón no se atrevía a decir nada para no empeorar su causa. Le había entrado miedo por la tranquilidad y el mutismo, ni siquiera severo, de sus aprehensores. ¿Qué pretenderían hacerle? Sinti6 nuevamente una presión en sus brazos y todos tres se echaron a caminar hacia el jardín. Llegaron a la fuentecita, detuviéronse un instante y, tras otra mirada de los caballeros, a una lo echaron a la fuente, que tendría una cuarta de agua.

El ratero cayó de costado y se mojó del hombro a la pierna. El dueño y su hijo mirábanle a poca distancia. Con cuidado, sin apuro, el hombre evitó mojarse más, se tomó del brocal y, midiendo la disposición de los caballeros, despaciosamente salió, pues no quería descontar aún el peligro de que lo patearan. No podía defenderse contra dos y no le convenía levantarle la mano ni a uno, porque éstos se hallaban en su casa y el castigo de la justicia podría ser peor, aparte de la paliza que, de seguro, le anticiparan los carabineros. Buena la había hecho y qué convencido estuvo del éxito. Lo malo es que el patrón se saltara la siesta.

Se enderezó sin alzar los ojos y quedóse agazapado en sí, con la absurda esperanza de inspirar piedad y ser perdonado.

De súbito volvió a ser cogido y lo empujaron a la fuente, cayendo esta vez de espalda. Disimuladamente repitió sus movimientos para salir sin empaparse el resto del cuerpo. Los caballeros se alejaron unos pasos y él los siguió con la vista. Venia entrando el carabinero, guiado por un joven que se parecía a1 señor de más edad.

El hurtador logró ponerse en pie y se sentía mal con esa mojadura por partes. Veía claro la burla y esto le molestaba más que si le hubieran pegado.

Los señores hablaron con el carabinero. Luego este se aproximó al mojado con expresión nada halagüeña.

-¡Y tú! ¿Qué tienes que alegar?

El ladrón adoptó un aire entre severo y sufriente:

-Mi carabinero: lo que yo tengo que decir es que esta no es una casa seria -y se miró las mojaduras.

González Vera, José Santos: La Copia y otros originales. Santiago de Chile, Nascimento, 1961. pp. 70 - 74.

miércoles, 26 de agosto de 2009

Quizás

Quizás

I

Sentir la desvalorización
Sentir que por momentos
Puedo llevar mi existencia
En un bolsillo
Derrota el ego intrínseco
De una humanidad derruida.

Valgo tan poco
Y cuesto tanto
Amo tan poco
Y duelo tanto.
Y cuando lo hago
Es sólo para oír
De otros labios
Que soy
Lo que sé
Que no soy.

Mi nacimiento supo caber
En un sueldo y una casa
Habilidad miserable
Triunfo pobre

¿En dónde buscar
Lo que te haga digno de ser?
¿Dónde ser
Sin pedir préstamos
Ni disculpas?

Construirme de nuevo
En cuadernos
Renacer en la poesía
Quizás.

II

Sentir la caída del ser,
sentir su desplome repentino,
derrota los egos
y los dispersa
por los bolsillos
de transeúntes adormecidos.

Valgo tan poco
y cuesto tanto.
Amo tan poco
y duelo tanto.

Y sólo amo para engañar
y ser engañado,
idealizando pequeñeces,
ocultando las verdades de mi rostro,
mi pasado,
y mi suerte.

Supe nacer
Y más allá no encuentro
Habilidades, oficios o simples aciertos.
Vivo lo que dicen
Y aún no muero

¿Dónde buscar
Lo que te haga digno de ser?
¿Dónde ser
Sin pedir prestamos
Ni disculpas?

Construirme de nuevo
En cuadernos,
Renacer en la poesía,
Quizás.

III

Cae en mí
La idea del hombre
Y su afiebrado deseo.
Baja por mi cuerpo
Como un sudor ajeno.

Si me preguntan el valor,
Repito mi nombre
Y arrojo la piedra
De mi nombre en los suyos.

Me ama la palabra
Amor
Y nada más.

Nací
Y esta tragedia irreversible
No me deja vivir.

¿Dónde vivir?
¿Cuándo?

Sólo aquí
Y ahora.

IV
No tengo origen
Y sin embargo (quizás) caigo,
Sin tener nada que recordar (quizás)
(quizás) Recuerdo
Y me lamento de haber (quizás) perdido
Aquello que nunca (quizás) tuve.

V

Metamorfosis de una caída.
Vuelo (quizás),
(quizás) Sin nido,
Solo tumba (quizás).

VI

Entronizar a las quimeras.
Mirarlas (quizás) a la distancia
Resignarse religiosamente (quizás)
Rezarles, (quizás) suplicarles
Oh inalcanzables (quizás).

VII

Allá en el fondo
Responda (quizás) ansioso
El eco de mi voz que se despide(quizás),
Y (quizás) juntos
(quizás) Desde el fondo
Nos vayamos de la mano (quizás)
Paralelo (quizás)
Nuestro silencio (quizás)
Nuestro cansancio (quizás)
Nuestra tristeza. (quizás)
VIII
Vivir y nada más
(quizás) No olvidar el respiro,
Ni el beso matutino, (quizás)
La mantequilla (quizás) y el pan
Los aburridos
Lamentos del noticiero,
De mi madre, (quizás)
Mi (quizás) padre,
Mis hermanos
Y míos.

Vivir…(quizás)

IX

Tras la felicidad
No lloren los monos, (quizás)
(quizás) Ni giman
Ni se (quizás) golpeen,
Ni escupan sobre las cenizas.(quizás)

(Quizás)Tras la felicidad
Y el hombre (quizás)
Los monos (quizás)rían
Y se apareen (quizás)
Y (quizás) jueguen a nunca jamás
Liberar (quizás) el pulgar.

X

Una gaviota
Y una paloma
Sobre la Casa Central
Se miren
Reconociéndose,
Se miren,
Y cojan una tiza,
Delimiten el aire
Y se saluden como vecinos.

Entonces…

XI

No somos tan lindos,
Ni tan fuertes
Ni tan eternos.

Bajo el helecho se esconde un hombre,
¡riégalo!

XII

Más vale dejar al sueño en su sitio,
No traerlo a casa,
Ni presentarlo a tus padres,
Ni compartirlo con los amigos
Ir a visitarlo
Muy de vez en cuando.
Sólo
Cuando toda tu vida
Sea una pregunta
Y tu cabeza
una campana,
Y tus pies
Dos zapatos nuevos
Y tu ombligo
Un pozo de pelusas.

El sueño sea tímido,
Y sus malabares
Sólo le resulten
Cuando Sueña lo mire.

XIII

La culpa es de otro
Y bastaría con saber su dirección,
Caminar en busca de su calle,
Arrojar la culpa por encima de la reja
Para volver a casa
Y no ser nadie.

XIV

Si todo esto no fueran más
Que palabras perseguidas
Y alcanzadas
Y engullidas,
Por palabras boas.

Y si la boa
Anudada en mi cuello
Asegurara un único canto…










XV

No hay carnaval
Bajo la caparazón del alma
Duermo triste
Ni soñando

XVI

En la alegría
El aplauso
Silencia la palabra
Y poema mío
Espera paciente
El abierto silencio
Del dolor
Y sus salmos

Si yo te quisiera

Si yo te quisiera
Libre por ahí
Andarías divertida
Sonriéndole a los vecinos
Olvidando las recetas.

Si yo te quisiera
Y de verdad
Tus manos permanecerían
Siempre abiertas al saludo,
Al regalo,
Al despilfarro de semillas.

Si yo te quisiera
Y caminando junto a ti
Evitara tus caídas
En los interminables agujeros de la ciudad,
Tendrías tiempo para levantarlos a todos.

Si yo te quisiera
Tal vez…

lunes, 24 de agosto de 2009

Especialización monstruosa

"Lo que importa no es ponerse a pensar sobre todo, sino buscar el mayor número de situaciones de pensamiento. Cada oficio, y cada hombre, son una situación de pensamiento, y si los viajes ilustran, enseñará más aún el viaje que podremos hacer a otro género de actividad que el que acostumbramos. Los filósofos son seres especializados. Y toda especialización tiene mucho de monstruoso".

Pedro Prado

lunes, 13 de julio de 2009

La familia y las fotos / Susan Sontag

"La fotografía se transforma en rito de la vida familiar en el preciso instante en que la institución misma de la familia, en los países industrializados de Europa y América, empieza a someterse a una operación quirúrgica radical. A medida que esa unidad claustrofóbica, el núcleo familiar, se distanciaba de un grupo familiar mucho más vasto, la fotografía acudía para conmemorar y restablecer simbólicamente la continuidad amenazada y la borrosa extensión de la vida familiar. Esos rastros fantasmales, las fotografías, constituyen la presencia vicaria de los parientes dispersos. El álbum fotográfico familiar se compone generalmente de la familia en su sentido más amplio, y con frecuencia es lo único que ha quedado de ella"

Sobre la fotografía.

La muerte de un amigo / Adolfo Couve

"La muerte de un amigo obliga a revisar la relación hasta el principio. Convierte cada acto del pasado en un presagio y flota el personaje como alguien enviado del cielo"

Delirios

Brillan
tus lirios
en el sol
de mi pecho.
Te quemas
entera
en los delirios
de mi amor.